MUJER: AUTOESTIMA SALUDABLE (Parte 2 de 2)

10 Feb MUJER: AUTOESTIMA SALUDABLE (Parte 2 de 2)

Mejora tu autoestima y tu condición física. Coaching practicando artes marciales

 

Cuando nos apuntamos a una escuela de artes marciales, y nos iniciamos en su práctica, tras los primeros conocimiento técnicos básicos, las deportistas realizan combates frente a una compañera o rival de manera directa. Las reglas propias de cada modalidad nos impiden provocar lesiones o daño en el adversario, pero si permiten convivir y familiarizarnos, desde el primer momento, con la victoria y la derrota. “Nos enseñan a caer para aprender a levantarnos” es una de nuestras máximas.

Con independencia de las técnicas de defensa y ataque que se van aprendiendo, las mejoras físicas a nivel de fuerza y resistencia se hacen patentes en las primeras semanas. Pero por encima de esto, he observado grandes cambios en las mujeres que asisten a mis clases de defensa personal o de judo. Estos cambios son significativos en su autoestima y en su mentalidad. Soy muy feliz cuando pasan del “no puedo” inicial al “lo conseguí”, del yo eso “ni loca” al “poco a poco” me van saliendo las técnicas. De quejarse por un mínimo golpe a superarse día a día y sobreponerse al cansancio para intentar una repetición o un ataque más.

Dice el doctor Rojas Marcos que la autoestima se fundamenta y se cultiva bajo las bases de unas relaciones gratificantes y en la búsqueda de objetivos válidos a base de esfuerzos constantes que nos permitan poner en marcha nuestros talentos naturales. Tras leer estas líneas hace apenas un año establecí un paralelismo que los maestros de artes marciales venimos aplicando de una forma natural en nuestras clases. La autodisciplina mediante el tesón y la sana competencia que nos dan las reglas establecidas para el cuidado personal y del compañero durante la práctica y los combates. Es la posibilidad de aprender de los fallos propios los que nos hacen mejorar, y esto es posible por qué la gran variedad de gestos técnicos existentes se adaptan a la morfología de los practicantes. Los distintos condicionantes físicos implicados, fuerza, velocidad, resistencia, flexibilidad permiten que cada uno desarrolle aquello en lo que es mejor y que busquemos nuestras ventajas con respecto a un rival que descubrirá las suyas. Al ser conscientes de nosotros mismos nos valoramos, mejoramos la capacidad personal de introspección, identificando y entendiendo nuestros sentimientos. Pasar del no puedo al voy a intentarlo y conseguir pequeñas metas facilita la superación de creencias limitantes y los nuevos hábitos.  En las artes marciales existen grados de cinturón, desde los colores blanco, amarillo… hasta el negro como primera gran recompensa. Son pequeños pasos ante un objetivo final, como en una gran sesión de coaching.

Es especialmente importante incidir en otros tres conceptos particularmente determinantes en las artes marciales y en cierto modo diferenciadores sobre otras actividades deportivas: el respeto, el autocontrol y la resiliencia.

Me gusta la definición de respeto (del latín respectus, “mirar atrás”) que dice reconocer el derecho ajeno, atención o deferencia que se deben a otras personas, como condición para saber vivir y alcanzar la paz, tratando con cuidado a quien te rodea. Esa es la esencia que intentamos trasmitir los profesores de artes marciales y que marca la diferencia con el concepto de deporte como tal.

Quizás habéis presenciado el inicio o el final de una clase de judo, kárate  o Taekwondo y os sorprendisteis del saludo que realizan como “ceremonia”. O como al comienzo o al final de casa combate, pierdas o ganes, saludas a tu rival con una leve

inclinación de la cabeza. Eso es respeto, a tu maestro, a tus compañeras, a la que pierde, la que gana y sobre todo a ti misma.

Cuando en charlas con nuevos conocidos o alumnos de otras disciplinas deportivas aparece mi experiencia deportiva o si he sido campeón  o conseguí  tal o cual título, la referencia inmediata es “cualquiera se mete contigo”, aunque con posterioridad solemos llegar a la conclusión de que en general los deportistas que practican artes marciales suelen ser muy tranquilos en su día a día. En ese punto estoy de acuerdo. El autocontrol es otros de los pilares donde se asienta la eficacia de nuestros deportes y requiere fundamentalmente motivación y fuerza de voluntad. Motivación para alcanzar el objetivo deseado a pesar de los imponderables. Fuerza de voluntad para no dejarse llevar por los acontecimientos inmediatos y perdurar en el esfuerzo. La esencia de un deporte como el mío, el judo, es enfrentarse a un rival de manera directa, cuerpo a cuerpo con el objetivo que mi mejora mediante el entrenamiento me permita ganar al rival que en esos momentos tengo delante. Saber superar momentos de fatiga, ir perdiendo y mantener la calma, esperar tu oportunidad desarrolla el autocontrol y economiza energía mental. Así contribuimos para formar un sistema de creencias potenciadoras, que sea capaz de regular nuestros pensamientos, emociones y conductas, permitiéndonos dar lo mejor de nosotros y mejorar nuestra autoestima. Yo le llamo, haciendo un juego de palabras,  “autoestima depor-saludable” a la que ganamos mediante la práctica deportiva, entendida en las artes marciales como equilibrio emocional, crecimiento y paz interior, sentido de seguridad en uno mismo y de disposición en general hacia la felicidad.

¿Queréis saber por que las deportistas de artes marciales son tan duras y resistentes? ¿Por qué cuando les duele algo se levantan y siguen?

Son así porque lo entrenan: Resiliencia. Me gusta definirla como el coraje que aparece ante la adversidad. Y se entrena. La superación de barreras, pequeñas al principio, pero que crecen con la experiencia y el entrenamiento se traduce en una transformación positiva en la deportista, ayuda a soportar la presión y a encontrar, aunque pueda parecer paradójico, el equilibrio emocional en situaciones de estrés. Habré realizado cientos de combates a lo largo de mi carrera deportiva, en competiciones de primer nivel y en torneos “amistosos”, con rivales mejores y con otros no tan destacados, pero lo que interiorice casi desde el principio de mi carrera deportiva y fue quizás uno de mis sellos de identidad como judoka fue no dar nunca por perdido un combate. Luchar hasta el final, darlo todo, sobreponerme al cansancio, a la derrota y a la victoria  buscando dar lo mejor de mí. La resiliencia se entrena, la llevamos dentro y hay que buscarla, dejarla salir y desarrollarla.

Así pues, ¡Hajime! O lo que es lo mismo, que empiece tu momento…

“La vida es una oportunidad para ser feliz, no es un lugar donde ir, es un camino que recorrer”

Chechu Cabas